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historia

Alberto Lleras confesó que su viaje a Suescún fue un poco como el de Proust, en busca del tiempo perdido. Mas de siglo y medió antes, en una noche de 1819, Simón Bolívar, ocupó el mismo aposento, tal vez meditando en una estrategia que pusiera en derrotas al ejército español. Otros personajes de la vida nacional, de presidente de la republica a reinas de belleza que han desfilado por Suecún en las tres últimas décadas, se declararon cautivos de sus encantos. Eduardo Caballero Calderón, Edmundo Rico, Carlos E. Vargas Rubiano y muchas otras plumas le han dedicado numerosas páginas en periódicos y revistas.

¿Que tiene de extraordinario este lugar? Simplemente tranquilidad y belleza con algunas comodidades modernas, como síntesis de lo que es Boyacá para el país. Un convento que hace 400 años conoció el siglo jesuita y mas tarde la alcurnia de la familia Niño Reyes, es hoy Hotel Hacienda Suescún, idílica estancia Boyacense titulada con una campanario de aires de reliquia y por las sombras de sauces centenarios. El trancito de monasterio a respetable hacienda y luego a hospedaje público, se cumplió sin menoscabo de su autenticidad, la cual perdura en la historia.

Hay muchas maneras de descubrir el encanto Boyacá, una de ellas es pensar unos cuantos días en una de las haciendas que prosperaron en la época neogranadina.

Allí se puede sentir como corre el tiempo en el campo, como transcurren los días en las labores de la casa y de una hacienda, en las 180 hectáreas de suescún, hoy día se cuida ganado de lidia y se promueve el deporte de la equitación entre los jóvenes de la región.

Debido al cambio de uso que sufrió la hacienda hace más de 40 años al convertirse en Hotel, los forasteros pueden disfrutar de su austera belleza, el blanco de sus muros y el verde de sus puertas son realzados por los jardines que se observan desde distintos lugares de la misma. El colorido de las flores, los centenarios pinos y eucaliptos irrumpen en el interior através de  amplios ventanales: en la estancia principal con chimenea que hace mas gratas las tertulias nocturnas, en el comedor, desee buena parte de sus habitaciones y por supuesto, desde la galería que da hacia el jardín que precede la casa.

Si el espacio invita a enfrentar la vida con otro paso, la atención que ofrecen los anfitriones permite disfrutar con el pasar del tiempo, Suescún se ha constituido en una gran familia, donde algunos de sus empleados, como el Jardinero Ricardo Bonilla, ya cumplen 30 años de estar trabajando allí. El lugar no pretende tener protocolos, por eso su cocina regional, e internacional se sirve sin pretensiones y el trato es cordial y directo, Un despertar en Suescún puede estar acompañado de un tinto tomado sin haber dejado la cama, con el correr del día pueden aparecer las sorpresas, después de una caminata, una canasta de frutas, puede esperarlo en la habitación.

Según las necesidades de los huéspedes, el bello jardín que recibe a quien llega y donde se encuentra su torre mirador-campanario, otro vestigio de la vieja encomienda de Don Diego de Suescún, puede convertirse en escenario de un matrimonio. La hacienda cuenta con la iglesia construida recientemente, también ofrece facilidades para encuentro de negocios para cincuenta personas en un espacio destinado a las antiguas caballerizas. Detrás de los muros de Suescún esta la muestra de un paisaje rural transformado por la mano del hombre, cuyo resultado es tan armónico que parece ser parte de la Naturaleza.

Despertar en una hacienda boyacense y correr sus caminos basta para sentir, que uno ha ido al pasado, que ha viajado por el tiempo, a nuestra historia neogranadina, una historia de relaciones jerarquizadas por el poder Español que determinaron nuestras costumbres y carácter y desarrollaron una manera de relacionarnos co la tierra, que allí determina la cotidianidad, de principio a fin.

Franquear lo muros de la Hacienda Suescún, hoy convertida en una hacienda de 16 habitaciones, no es solamente maravillarse con la belleza de sus jardines, rodeado por acequias que aparentan este espacio lleno de eucaliptos, pinos y buganvillas con los jardines árabes,  o disfrutar de su arquitectura colonial a los que caracterizan los muros de tapia pisada, los largos corredores y los balcones.

Hospedarse en Suescún en Tibasosa, en los alrededores de Sogamoso es tener la oportunidad de revivir lo que significó la encomienda durante nuestro periodo colonial, sistema mediante el cual la Corona Española encargaba a quien tuviera dominio sobre un territorio determinado. Esto significa el manejo y control de la mano de obra indígena, extrayendo de esta un tributo y ejerciendo una vigilancia espiritual.En el caso de la Hacienda, fue ejercida por el encomendero Diego de Suescún,.

Como lo señala el Arquitecto Germán Téllez en el libro casa colonial. Arquitectura Domestica Neogranadina, editado por Benjamín Villegas: “la casa de hacienda es punto culminante de la arquitectura neogranadina”. Su austera presencia se explica en los inventarios de los siglos XVII y XVIII, en los que se señala que las tenían en menor valía  que los esclavos, los aperos, los caballos, y las herramientas de labranza.

En el patio que precede el frente del tramo principal de la casa, de planta compacta, se encuentra un elemento que caracteriza y diferencia a esta hacienda de la vecinas, su torre mirador-campanario, común en muchas Comarcas Andaluzas y de la Mancha. Espaciosa habitaciones con baño privado, el bar, el comedor, el salón de conferencias – donde importantes empresas realizas sus congresos – y un bosque de 82 fanegadas que se recorre a pie o en los caballos de paso que alquila el Hotel.